16 ago. 2007

Brotaba pintura de entre los dedos

Brotaba pintura de entre sus dedos, eso parecía observándola mientras pintaba.
Parecía increíble que no se detuviera nadie aunque fuera un breve instante, si no a contemplar lo que pintaba, al menos a ella. La verdad que no se le pasó en ningún momento alterar aquella situación. Si la gente estaba demasiado ocupada para no admirar la belleza no iba a ser él el que les llamara la atención por ello. Un pensamiento nada solidario, mas bien egoísta añadiría, pero ella estaba allí, todo el mundo podía verla y detenerse si quisiera.
En realidad deseaba que nadie lo hiciera, de alguna forma su mente empezaba a concebir cosas que poco a poco iban apoderándose del pensamiento.
Demasiado cine había visto, le decía la parte racional frente a la idealista. Pero la atracción, a medida que pasaban los días era mayor, animada porque, por extraño que pareciera, al tercer día de verla por primera vez, nadie, ningún posible “rival” se detuvo siquiera por casualidad o curiosidad a ver lo que pintaba.
Aquella tarde lo traía meditado y decidió que llegado el momento se levantaría del banco y deseándose suerte a si mismo caminaría hacia ella mientras buscaba rápidamente una excusa para tal aproximación. Algo tenía que hacer, sentía, vencido ya cualquier intento de su yo racional o aguafiestas como le llamaba de olvidarlo todo, que ella estaba allí por una razón, era como si el destino le dijera que había llegado su hora y tenía que aprovecharla.
Cuando llegaba la noche, suspiraba porque llegara el día siguiente para volver a verla. Soñaba con ella, incluso ya había rebasado la fase de los saludos, charlas y paseos; en sus sueños los botones de aquella camisa iban desabrochándose paso a paso y… y por qué no iban a suceder estas cosas?
Se levantó y se encaminó hacia ella, tan decidido estaba que no cayó siquiera en pensar que decirle. A punto ya de improvisar cualquier palabra con la que iniciar la conversación se quedó inmóvil, su rostro adquirió un color blanco al ver el lienzo sobre el que había estado ella pintando estos días. Su imagen allí retratada, tendida sobre el parque… sin vida.
De repente aquella chica con la que soñaba compartir su vida se giró y… era... era...
El corazón le iba a estallar y no pudiendo soportar la presión cayó desplomado sobre el suelo. Tenía razón, había llegado su hora.
Los escasos segundos que su mente permanecía despierta fueron suficientes para notar los dedos de la chica posándose sobre su frente, impregnándola de esos colores que se tornaban oscuros... hasta llegar al negro absoluto.

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