16 ago. 2007

El silencio de la noche fue su aliado

El silencio de la noche fue su aliado. Cualquier ruido le distraería y necesitaba máxima concentración para llevar a cabo lo que se proponía.
La emoción envolvía aquel momento, incluso apagó la TV y hasta la música del CD dejó de sonar para unirse al silencio como testigos de primera fila de lo que estaba a punto de suceder.
No quiso dejar nada al azar, no podía permitir que descuido alguno alterara el plan tan cuidadosamente preparado. La coordinación con su cerebro debía de ser milimétrica, solo así el éxito estaba asegurado. Revisó el material una vez más. Era algo que se llevaba a rajatabla en Cienciacuentos para sacar adelante cualquier proyecto y este no iba a ser menos. La misión, que algunos medios, sensacionalistas y subversivos – como gustaba de clasificarlos – habían catalogado de imposible, consistía en combatir la amenaza del virus inspirébola, que estaba corrompiendo a la población.
Por lo visto elementos de Cuentacuentos habían escapado a la exterminación y consiguieron un cepa de dicho virus que de forma clandestina distribuían a través de la red contaminando las mentes de imaginación, creatividad, espontaneidad y demás drogas que en dosis excesivas se convertían en un serio peligro para el sistema.
Un peligro que él se encargaría de desactivar. Su reclutamiento hacia el lado luminoso le hizo ser elegido para la misión, un curso intensivo en campos de la lógica y el orden numérico le dio la formación necesaria. En su currículum constaba que superó con la máxima nota la cámara de la imaginación, incluso salió indemne de la prueba del desorden y en inspiración dio cero. Era el ideal para llevarla a cabo.
Revisaba el material cuando de repente surgió algo para lo que no había sido entrenado.

.- ¿Qué tal vas con la historia?
.- No consigo terminarla, creo que no seguiré por ahí.
.- Es lo mejor, cuando ves que no avanzas no te obceques y busca otra opción. ¿Qué tal una de romanos?
.- Hey no es mala idea. Alaa le doy a borrar y a empezar de nuevo.

En algún lugar de su cerebro una historia estaba a punto de perecer. El cursor se aproximaba a la X mientras él asomado a la retina se desesperaba intentando evitar lo inevitable hasta que se escuchó el clik.

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